En la casa de la guitarra de Joxe Moxe se contaban historias increíbles. Había una vez un rey valiente que luchó contra un dragón feroz, un hada mágica que concedía deseos a los niños buenos y un pirata audaz que buscaba tesoros perdidos en el mar. Cada noche, Joxe Moxe se sentaba con su guitarra y empezaba a tocar una melodía suave, mientras contaba estas historias maravillosas a los niños del pueblo.
Los pequeños se quedaban fascinados escuchando cada palabra, imaginando en sus mentes las aventuras épicas que Joxe Moxe les narraba. Los ojos de los niños brillaban de emoción, y sus corazones latían al ritmo de la música de la guitarra.
Joxe Moxe había aprendido todas estas historias de su abuelo, quien a su vez las había escuchado de su bisabuelo. Eran cuentos que se habían transmitido de generación en generación, llenos de magia, valentía y esperanza.
Y así, en la casa de la guitarra de Joxe Moxe, las noches se llenaban de magia y emoción, mientras las estrellas brillaban en el cielo y la luna iluminaba el camino de los sueños de los niños. Cada historia era un regalo, un tesoro que Joxe Moxe compartía con amor y dedicación, creando un vínculo especial con los pequeños que perduraría para siempre en sus corazones.
FUENTE
