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María Ángeles Payo, propietaria de la degustación Etxe-Gain en Otxarkoaga, enfrenta el cierre de su negocio tras más de 35 años de servicio a la comunidad. A sus 27 años, María Ángeles decidió abrir este local con el objetivo de revitalizar su barrio natal. Desde entonces, ha trabajado incansablemente, abriendo a las seis de la mañana y cerrando a las nueve de la noche, para mantener a su familia y ofrecer un espacio de encuentro para los vecinos y trabajadores del área.
Un legado familiar en peligro
La cafetería, ubicada en la calle Zizeruena, fue alquilada por María Ángeles a Viviendas Municipales en 1989 por una renta mensual de 21.700 pesetas. Con el tiempo, adquirió el local en 2011 por 60.000 euros. Desde entonces, ha operado junto a su hija Joana Arrebola, ofreciendo un menú limitado que incluye tortillas y bocadillos como pintxos. Sin embargo, el negocio se enfrenta a una crisis tras recibir notificaciones del Ayuntamiento de Bilbao sobre la falta de licencia para parte del local.
El Consistorio ha indicado que la actividad actual no se corresponde con las condiciones recogidas en la licencia original y ha instado a María Ángeles a cerrar la cocina, lo que podría resultar en una pérdida significativa de clientes. La situación ha generado preocupación entre los vecinos y trabajadores que frecuentan el establecimiento.
La lucha por la regularización
María Ángeles sostiene que cuando arrendó el local no se le informó sobre ninguna irregularidad y que asumió que todo estaba en orden. En los últimos dos años, el Ayuntamiento ha realizado múltiples requerimientos para que regularice la superficie ocupada y la salida de humos del local. La dueña del establecimiento se siente atrapada entre las exigencias administrativas y su deseo de continuar con su negocio.
La familia Payo está recibiendo apoyo de PAH Sendia, una plataforma que defiende los derechos de los afectados por desahucios. Su portavoz, Rosa de la Fuente, critica al Ayuntamiento por presionar a María Ángeles para que realice reformas costosas que no puede asumir económicamente. La incertidumbre sobre el futuro del negocio afecta profundamente a María Ángeles y su hija Joana.
Posición del Ayuntamiento
Desde el Ayuntamiento de Bilbao se defiende que no se busca cerrar el negocio como primera opción, sino facilitar su adaptación a las normativas vigentes. Aseguran que es fundamental contar con las autorizaciones necesarias para operar legalmente y cumplir con las condiciones exigidas por la normativa urbanística.
A medida que avanza esta situación, los carteles en el pequeño bar piden al Consistorio evitar el cierre y recordar los años de esfuerzo dedicados al servicio del vecindario. La comunidad observa con preocupación cómo un establecimiento emblemático podría desaparecer tras décadas de historia.
