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El municipio de Agurain, en la provincia de Álava, vivió un domingo de cierre festivo con un ambiente agridulce, marcado por la nostalgia y el cansancio tras días de celebración en honor a la Virgen del Rosario. A pesar de ello, los vecinos salieron a las calles desde primera hora, decididos a aprovechar al máximo el último día de festividades.
Inicios musicales
El repique de las campanas y los primeros acordes musicales dieron inicio a una jornada que transformó el Casco Histórico en un escenario vibrante de convivencia y cultura. Este evento resaltó el color y arraigo cultural que define la identidad de la Llanada alavesa.
La atmósfera festiva se intensificó con una alegre kalejira, un desfile que recorrió las empedradas calles y plazas, despertando a los rezagados y congregando a las cuadrillas vestidas con sus trajes tradicionales.
Marea humana
La multitud se dirigió hacia el carrejo de San Jorge, donde se celebró el Campeonato de Araba de Harrijasotzailes, uno de los eventos más esperados del día. La afición por los herri kirolak se hizo evidente en el silencio respetuoso antes de cada levantamiento, seguido por ovaciones entusiastas que reflejaron la pasión local por este deporte.
Los hermanos Marijuan –Jon y Mikel– junto con Gorka Rubio, compitieron levantando piedras pesadas como la copa de 125 kg y la cúbica de 112,5 kg. Durante los descansos, el club local mostró su destreza en alzamiento de fardos y otras pruebas tradicionales.
Comida popular
Después del espectáculo deportivo, la atención se centró en una comida popular que reunió a cientos de vecinos en un gran comedor al aire libre. Este banquete comunitario fue un espacio para compartir risas y anécdotas, simbolizando la unión intergeneracional que caracteriza estas fiestas.
Las mesas compartidas entre diferentes generaciones reflejaron el verdadero motor del evento: la cohesión social y cultural del pueblo.
Bertsos
La tarde continuó con la primera fase del Euskal Herriko Bertsolari Txapelketa, atrayendo a numerosos aficionados que llenaron el recinto para disfrutar del ingenio poético improvisado. La habilidad de los bertsolaris mantuvo al público cautivado entre aplausos y momentos de silencio reverente.
Txaranga
A medida que caía la noche, las calles fueron testigos del pasacalles de la txaranga popular. Familias enteras se unieron para disfrutar los últimos momentos festivos antes del cierre oficial.
El esperado concierto de Neomak cerró la jornada con una propuesta innovadora que hizo vibrar a todos en la plaza. La música resonó entre las paredes históricas creando una atmósfera colectiva donde todos parecían querer detener el tiempo.
No obstante, llegó medianoche y con ella el momento más solemne: el tradicional entierro de la sardina. Bajo antorchas temblorosas, las cuadrillas desfilaron en un cortejo fúnebre simulado para despedir oficialmente las festividades, dejando en el aire la promesa de volver a reunirse cuando octubre regrese.
